
Hay un equilibrio por el cual los muy miopes tenemos otro sentido más desarrollado de lo normal. Yo me paso el día olfateando como un perro. Este es mi particular homenaje a Darwin en su año.
Dejándonos de manifiestos darwinistas, me preocupan y ocupan los olores. A mí y a los que dirigen tiendas, hoteles, restaurantes, etc… Superado lo objetivo, nos quedan las experiencias y los sentidos. Tocar, saborear, oler, oir marca la diferencia a la hora de elegir unos zapatos frente a otros, entre sentarse en una mesa o alejarse de ella. Los expertos en marketing sensorial se aplican para provocar experiencias en las que todos los sentidos estén ocupados mandando información a nuestros ya sobreinformados cerebros.
Algunos lo hacen de forma excepcional. El Hotel Villamagna, uno de estos lugares de Madrid donde a ratos piensas que estás en Nueva York, otros en Paris y otros, por suerte, también en Madrid, presta especial atención a los olores. A los buenos olores. Tanto que el perfumista Blaise Mautin ha creado una fragancia específico para este hotel llamado Sierra. Todas las amenities huelen a una vainilla suave que ya es parte del vocabulario de un hotel que, después de su renovación, es uno de mis lugares favoritos de la ciudad. Encuentro silencio, susurros, buenos sillones, mejor iluminación y esa sensación de seguridad que adoro de todo lobby de todo gran hotel.