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Vestido Alexander McQueen

La Semana de la Moda de París acoge a los diseñadores más VIPS: Chanel, Yves Saint Laurent, Dior, Balmain, Balenciaga, Prada, Loewe… Firmas con mucha historia que han mostrado encima de la pasarela  sus colecciones para el próximo otoño-invierno 2010/2011, caracterizadas por lo exquisito y la clase que impregna toda la gran semana.

Chanel deslumbró con el color estrella en su puesta en escena, el blanco. Diseños de inspiración polar con detalles de pelo largo en las prendas. Una pasarela divertida y enigmática que dejó muy buen sabor entre el público que asistió a unos de los desfiles más importantes de la semana.

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TOM FORDNo me considero una persona mitómana, no después de haber trabajado tantos años con, por y para famosos. Al final acabas dándote cuenta de que son ‘simples personas’ (y en algunos casos, demasiado simples). Por eso, me dan escalofríos cada vez que voy a un evento en el que veo a hordas humanas haciendo cola ante la puerta, con cámara en mano y gritando desesperadamente para que el famoso de turno gire su cabeza, le de una sonrisita, le lance un beso o le firme un autógrafo. ¡Qué espanto!

Sin embargo, hay carreras que hacen huella en mí. Me fascinaría haber entrevistado a Marlon Brando, fumarme un cigarro con Bette Davis o tomar una copa con Yves Saint Laurent. Hay personas que me atraen (y no en el sentido en el que ahora pensáis, que también) compulsivamente. Y una de esas personas es Tom Ford. Cuando me enteré de que el diseñador vendría a Madrid a presentar su película, A single man (por cierto, muy recomendable -gran fotografía-), quería ir a toda costa. Finalmente, recibí una llamada de C. S. invitándome al evento. Wow, ¡¿qué me pongo?! Bueno, total, no creo que reciba ni una mirada por parte de Tom. No fue así, la tuve (aunque sin más, que más quisiera yo).

Sí. Después de esperar entre decenas de ‘parrots’ enjoyados en el patio de butacas para ver la película, tuvo lugar la soirée (que en francés queda mucho más elegante). Fue en el restaurante Più di Prima, un lugar con encanto, pero sin demasiados metros cuadrados para la marea humana que allí se agolpó. Mi fiesta (o el intento de) fue de la siguiente manera: entré, hice una cola de 20 minutos para dejar el abrigo, intenté abrirme hueco entre la gente para buscar un rincón ¿vacío?, Marta Sánchez hacía lo propio (previo codazo en mis riñones), intenté tomar una copa (misión abortada), sudor, me dirigí a la salida, recogí mi abrigo y cuando estuve a punto de irme… apareció él. Alto, guapo, delgado como nunca, ‘botoxmizado’, con poca expresión corporal, elegante. Nos cruzamos, giró su cabeza, me miró, yo clavé la mirada durante… 0,0000003 segundos, se fue. Y allí me quedé yo, pensando en si mi mitomanía merecía o no la pena, en si todo se reducía a eso, a un instante efímero…

P.D.: Me despido de todos vosotros a través de estas líneas. Éste parece ser mi último post para BuyVip, aunque muy pronto podréis seguir leyéndome. Tendréis noticias. Gracias por estos meses, gracias por vuestros comentarios, gracias por leerme… Gracias.

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yvesMe entristecen noticias así. ¿Por qué las biografías pretenden siempre sacar lo peor de cada personaje? Si nos paramos a pensar, debemos darnos cuenta de que es realmente algo penoso. ¿Es siempre el lado oscuro lo más interesante de una persona? ¿Es que nunca tenemos algo brillante que sacar a relucir? Hoy he desayunado una mala y triste noticia.

Confieso que soy un seguidor de la carrera de Yves Saint Laurent y de todo lo que rodeaba a su vida. Fue un gran diseñador, pero parece que una persona nefasta… para Marie-Dominique Lelièvre, la ¿autora? de la biografía no autorizada que saldrá a la venta el próximo 20 de enero. Según ella -ya que además el libro no recoge muchas voces amigas del modisto-, Saint Laurent llevó una vida de “anfetaminas, drogas, alcohol que le crearon daños psíquicos irreversibles”, cuando se creó el personaje y el artista fue “fulminado” por el genio. Esta misma autora recibió la negativa a la colaboración de Pierre Bergé, el empresario y pareja de Yves durante muchos años, por lo cual lo califica como la persona que “colmaba las debilidades del diseñador, por lo que al ser indispensable, privó al modisto de su autonomía”. ¿Está culpando a Bergé de la genialidad de Saint Laurent?

Lelièvre describe a Yves como un hombre de carácter tiránico, que recibía sin dar nada a cambio. Si es así, que le pregunten entonces a Catherine Deneuve, a Laetitia Casta, a Carla Bruni, a Bergé, a miles de mujeres que lucieron sus grandes obras, a su propios trabajadores -que aún hoy le rinden culto-, a sus seguidores e incluso… a sus detractores.

Hoy he desayunado una mala y triste noticia.

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Si tuviera que elegir entre asistir a los Oscars o a los Golden Globes, lo tendría difícil, pero creo que elegiría los Golden Globes. Como nadie me va a invitar me ahorro esa diatriba. Lo que hago cada año es verlos. Lo que confirmo cada año es que es una fiesta divertida, donde beben champagne y cuando salen a recibir o a entregar los premios se nota. Lo que me sigue fascinando es lo grandes profesionales que son: cómo suben las escaleras, cómo lanzan su speech, cómo llevan los diamantes, lo felices que parecen de pertenecer a ese mundo, sin falsas modestias ni complejos.

Y lo que me sigue alucinando es lo conservadoras que son las decisiones estéticas. Es decir, si no conociéramos las caras de las actrices podría ser una entrega de premios de finales de los años 50. Entiendo que nadie quiere arriesgar. Y para ir sobre seguro nada como el uniforme red-carpet, es decir, vestido de corte sirena, peinado marcado y joyas discretas pero que se note que son joyas. Los vestidos cortos son complicados y los ejercicios personales, como los que suele llevar a cabo Tilda Swinton, casi descartados por la mayoría. Qué difícil es proyectar la personalidad en un momento así.

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Sin embargo, algunas lo consiguen. Dentro de las decisiones seguras siempre están Maggie Gylleenhal, Cameron Díaz, Chloë Sevigny o Julianne Moore, que son capaces de transmitir cierta frescura, cierto estilo propio. Me gustó mucho Meryl Streep, vestido y estilismo. También Joan Allen. Si yo hubiera tenido que elegir qué llevar,  hubiera tomado prestados los looks de  Julia Roberts, perfecta, con un vintage Yves Saint Laurent o el de la preciosa January Jones. Me encantó su Lanvin, su maquillaje ( un buen lipstick rojo es un bastón, una brújula, un podium) y su peinado. Pero yo no soy ni la novia de America ni el nuevo icono estético de la televisión. Por tanto, tendría que elegir un vestido de sirena para no fastidiarla.

Y los chicos? Emocionante mi querido Michael C. Hall, perfecto como siempre Tom Ford, demasiado repeinado Robert Downey Jr y  apabullante Jon Hamm.

Nota: nunca he entendido los fenómenos Marchesa, Rodarte, Badgley Mischka o Armani Privé. No debo tener madera de estrella.

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cullumEsto es verídico: Me encontraba buceando en Internet cuando mi madre pasó justo detrás del ordenador y clavó su mirada en la pantalla. “Pero bueno! ¡La gente no tiene cabeza! ¡¿Cómo se le ocurre vestir a su niño, tan pequeño, con un esmoquin?!”. Efectivamente, mis carcajadas se escucharon en todo el vecindario. Primero tengo que decir que mi madre es modista y, segundo, que fisonomista no es, pero tan equivocada no estaba. A mí me costó llegar a comprender esta foto varios minutos.

Solución: Se trata del artista británico Jamie Cullum, de 30 años, y su ya mujer, la modelo de tallas grandes Sophie Dahl, de 32, que contrajeron matrimonio el pasado sábado en una ceremonia privada. Ella es nieta del escritor Roald Dahl y protagonizó la polémica campaña del perfume Opium, de Yves Saint Laurent, que fue retirada en el Reino Unido porque aparecía completamente desnuda. Él canta y se olvidó tomar Cola-Cao.

Lo más curioso es que la pareja pidió que a su boda no asistiera ningún niño, para que ni el matrimonio ni los invitados fueran molestados. ¿O para que el novio no pasase desapercibido? Desde luego, no se puede decir que fuera ‘una boda por todo lo alto’.

P.D.: Estoy con mi madre, los niños son niños, y como tal deben ir vestidos.

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Ya estamos de regreso a Barcelona es la hora de la cena, y no puedo evitar recordar las maravillosas noches en Marrakech. Porque allí, cenar es un placer especial, sobre todo después de caminar palmo a palmo la Medina tras los pasos de Mauro, que seguramente en su anterior vida fue correo de algún Pachá marroquí, o un espía francés en época del protectorado, porque no hallo otra explicación a su inverosímil aptitud de encontrar cualquier zoco sin ayuda de GPS o mapa alguno.

En fin, decía que el plan perfecto para la noche mora es ir a cenar a un buen restaurante de comida local. A medio día siempre comimos occidental para no capitular ante una sobredosis letal de couscous o tagine.
Os recomiendo 4 restaurantes 4.  Algunos los mencioné en el post anterior, pero creo que merecen la insistencia y algo más de detalle:

Dar Moha:

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Ubicado en un Riad restaurado por Pierre Balmain quien, como Yves Saint Laurent, sucumbió al encanto de Marrakech.

Si vais os recomiendo que reservéis mesa en el jardín posterior, jardín que Balmain anexionó a la construcción original. Si no puede ser, por favor, que al menos tengáis la suerte de comer en la sala con una chimenea diseñada por el modisto o en su cuarto de estar de la planta baja.

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El chef del restaurante se formó en la alta cocina francesa, pero no ha sucumbido a la creatividad descabellada y con muy buen tino ha aplicado la técnica culinaria francesa a los platos tradicionales. El menú degustación incluye una serie de ensaladas deliciosas, entre las que me quedo con la de tomate transparente con agua de azahar o pepino al limón.

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Le Foundouk:

Probablemente, el mejor restaurante de la Medina. Un Riad restaurado con mucho acierto y discreción, que mezcla un mobiliario moderno con entorno muy marroquí.

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A diferencia del Dar Moha, aquí hay mayor variedad de platos marroquíes e internacionales. Todos os encantarán. No os perdaís la Créme Brûlée de Pistachop con helado de chocolate.

Cuenta con un bar en donde podeis chuzaros con toda tranquilidad para después zigzaguear en los callejones aledaños a la Madrasa Ben Yussef.

Restaurante Bahía:

Situado al lado del Palacio Bahía, se ha contagiado de su decadencia. Un Riad tan fake que es naive, un puntazo.

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Con mucha gracia ofrece una cena espectáculo con danzarinas de vientre y coral bereber a los cuales sucumbí y por los que seguramente tendré que pagar a quien haya tenido la oportunidad de grabarme en vídeo.

Dar Essalam:

El mítico restaurante donde Hitchcock filmmó una de las escenas de El Hombre que sabía demasiado. Incluye un espectáculo totalmente decadente. Es el peor de los cuatro. Un “must” que de tanto serlo ha perdido el encanto.

Son cuatro opciones para cerrar el día en Marrakech, porque no todos los días uno puede estar de humor como para ir a los puestos de comida ambulante de la plaza Djmaa El Fna. Sitios chics y decadentes, porque cuando uno está de visita bien puede darse ciertas licencias.

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Nochevieja en el hotel EME Catedral

Ya. Sois de los que pensáis que salir en Fin de Año está démodée (cómo me gusta esta palabra). Mentira. Salir de noche subida en un tacón y con una copa de champagne en la mano siempre estará de moda. Por los siglos de los siglos. Además, hay que celebrar que se acaba una década en la que han pasado muchas cosas: Obama, el 11 S, la muerte de Yves Saint-Laurent, los leggings, los vuelos baratos, El Bulli, Crepúsculo, el Ipod, los blogs, Buy Vip..!.

Sólo por eso hay que salir. El problema es dónde. Pues a uno de los emblemas de esta primera década del siglo XXI: a un hotel. Una idea que lanzo para indecisos y lentos. El EME catedral hotel de Sevilla ofrece varias fórmulas:  una cena larga, lenta y rica, como deberían ser siempre, cena + fiesta al estilo Dolce Vita o un cocktail+ barra libre. La cena se hará en el restaurante Santo (al que aterriza en breve Martín Berasategui: primicia), y el cocktail, con delicias locales y lejanas en el EME lobby.

Pensad que os asomaréis a la ventana y tendréis a veinte metros, a la Giralda y a la mayor catedral gótica de la Cristiandad; también, gentileza del calentamiento global (otro regalo de la década que se va) podréis ver los naranjos llenos de azahar. Pues nada, ya tenéis plan.

Más información: booking@emecatedralhotel.com

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