Ya tengo un nuevo hobby anti-stress. Cada vez que me dan ataques de ansiedad me hago una pedicura yo sola. Que si despintas con quitaesmalte, que si pones una capa protectora, otra de color, una para el brillo, y como tengo que centrarme tanto en no tocar los bordes me olvido de mis problemas. Es un poco como el colorear, pero para mayores. ¿Resultado? Cada dos días cambio el color de mis uñas, y con todos los colores nuevos de laca de uñas que existen, voy a estar sin repetir hasta finales del verano…
Quiero hacer hincapié en que uso colores chillones como el morado, el rojo cereza, naranja flúor o incluso verde a lo Chanel (os adelanto que es el color de su laca de uñas de invierno). Y es que la manicura francesa ha quedado en el olvido. Por qué nos vamos a contentar con un tono natural y un efecto que recrea el mismo de nuestras propias uñas: ¿punta blanca y el resto color piel? ¡Qué aburrimiento! … además de que no la sé hacer…
Lo bueno del verano es que podemos experimentar con colores. Pero eso sí, ni se os ocurra combinar el esmalte con el vestido, ni con las sandalias ni con las flip flops de colores. Las uñas van por libre. Se lleva que resalten, y no tienen por qué ir a juego. Así que a pintar, y las que prefieran acudir a un profesional, siempre les quedará una buena tila fría para calmar los nervios.













