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snyComo cuando todo este turbio asunto arrancó este blog todavía no existía, os pongo sobre antecedentes. Sexo en Nueva York. Tenemos una serie fantástica, tenemos una primera película, y ya se está trabajando en una segunda, que se estrenará si sale todo como está previsto, en primavera en Estados Unidos. De hecho si se cumplen los planes, tendremos hasta tres películas.

El primer obstáculo para la segunda entrega fue amoldar el guión a la crisis que está azotando a todo el planeta; la intención es recortar gran parte del despliegue de marcas y en fin, hacerlo todo en plan menos glamuroso por llamarlo de algún modo. Como se consigue reflejar la precaria situación económica mundial en una serie que rezuma estilo y marcas por los cuatro costados es algo que sin duda será interesante -que no exitoso- de ver. Este es uno de los motivos de disputa de todo lo que rodea Sexo en Nueva York por parte de la estilista Patricia Field, responsable del estilo que todas conocemos.

El segundo obstáculo se centra en uno de los personajes principales, en la piel de Kristin Davis, Charlotte en la série, la primera de la izquierda en la imagen. La actriz, que tiene su propia línea de moda, es muy parecida en cierto modo a su personaje en la serie; es clásica, austera, victoriana e incluso rococó, o como queráis llamarlo. Y a la estilista de la serie le cuesta vestirla, ya que todo son disputas a la hora de establecer qué debe ponerse y porqué durante el rodaje. Y es este el otro motivo por el que Patricia Field se está planteando abandonar Sexo en Nueva York, algo que muy probablemente marcaría para peor y para siempre las futuras películas.

Hay que reconocer que la situación es delicada; prescindir del toque de la serie es muy peligroso, prescindir de Charlotte, también, y evidentemente, lo es prescindir de la responsable de su estilo. Las cosas tienen que estar muy mal para que un barco tan lucrativo como el de Sexo en Nueva York esté zozobrando como nunca.