Hay días en los que los que hay que hablar del tiempo. Hoy, por ejemplo. Me encanta el frío, si fuera de Noruega, por ejemplo, lo detestaría y me pondría en bikini en abril a tomar el sol en los parques, pero como he chupado horas y horas de sol, a mí dame nieve, té caliente, doble edredón, calefacciones insanas y narices rojas.
Hace unos años me compré un plumas. Con la ropa pasa como con las personas y los personajes de película: algunos contratados como figurantes con frase se convierten en protagonistas de tu vida, y algunos protagonistas desaparecen y pasan a ser extras sin causar excesiva pena. Tengo un plumas negro sin mangas que me compré en rebajas en un Gap de Nueva York hace casi diez años. Era una prenda destinada a ser figurante con frase, pero como la vida va siempre por delante, en seguida copó planos, escenas y secuencias. Si me véis por la calle uno de estos días seguramente lo lleve puesto. Ni me favorece, ni me pega, sé que hay otros mejores, y no es the ultimate puffer vest…pero, en fin, es como las personas: al final, manda la piel.
Todo esto es para reivindicar el plumas. Para reivindicarlo y para justificar posibles y futuribles compras: uno de Moncler de manga corta y otro de Jil Sander para Uniqlo. Espero poder relevar el de Gap, aunque es una especie de prenda-Cary Grant: empezó con papelitos en el music-hall y mira cómo terminó.
Y porque es Navidad cedo una foto navideña de mi album personal con el famoso plumas de Gap, nariz roja y mucho frío.














