Ya estamos de regreso a Barcelona es la hora de la cena, y no puedo evitar recordar las maravillosas noches en Marrakech. Porque allí, cenar es un placer especial, sobre todo después de caminar palmo a palmo la Medina tras los pasos de Mauro, que seguramente en su anterior vida fue correo de algún Pachá marroquí, o un espía francés en época del protectorado, porque no hallo otra explicación a su inverosímil aptitud de encontrar cualquier zoco sin ayuda de GPS o mapa alguno.
En fin, decía que el plan perfecto para la noche mora es ir a cenar a un buen restaurante de comida local. A medio día siempre comimos occidental para no capitular ante una sobredosis letal de couscous o tagine.
Os recomiendo 4 restaurantes 4. Algunos los mencioné en el post anterior, pero creo que merecen la insistencia y algo más de detalle:
Dar Moha:

Ubicado en un Riad restaurado por Pierre Balmain quien, como Yves Saint Laurent, sucumbió al encanto de Marrakech.
Si vais os recomiendo que reservéis mesa en el jardín posterior, jardín que Balmain anexionó a la construcción original. Si no puede ser, por favor, que al menos tengáis la suerte de comer en la sala con una chimenea diseñada por el modisto o en su cuarto de estar de la planta baja.

El chef del restaurante se formó en la alta cocina francesa, pero no ha sucumbido a la creatividad descabellada y con muy buen tino ha aplicado la técnica culinaria francesa a los platos tradicionales. El menú degustación incluye una serie de ensaladas deliciosas, entre las que me quedo con la de tomate transparente con agua de azahar o pepino al limón.

Le Foundouk:
Probablemente, el mejor restaurante de la Medina. Un Riad restaurado con mucho acierto y discreción, que mezcla un mobiliario moderno con entorno muy marroquí.

A diferencia del Dar Moha, aquí hay mayor variedad de platos marroquíes e internacionales. Todos os encantarán. No os perdaís la Créme Brûlée de Pistachop con helado de chocolate.
Cuenta con un bar en donde podeis chuzaros con toda tranquilidad para después zigzaguear en los callejones aledaños a la Madrasa Ben Yussef.
Restaurante Bahía:
Situado al lado del Palacio Bahía, se ha contagiado de su decadencia. Un Riad tan fake que es naive, un puntazo.

Con mucha gracia ofrece una cena espectáculo con danzarinas de vientre y coral bereber a los cuales sucumbí y por los que seguramente tendré que pagar a quien haya tenido la oportunidad de grabarme en vídeo.
Dar Essalam:
El mítico restaurante donde Hitchcock filmmó una de las escenas de El Hombre que sabía demasiado. Incluye un espectáculo totalmente decadente. Es el peor de los cuatro. Un “must” que de tanto serlo ha perdido el encanto.
Son cuatro opciones para cerrar el día en Marrakech, porque no todos los días uno puede estar de humor como para ir a los puestos de comida ambulante de la plaza Djmaa El Fna. Sitios chics y decadentes, porque cuando uno está de visita bien puede darse ciertas licencias.