
En alguna parte leí una teoría que me dejó turulato y que confieso que me tiene obsesionado (creo que de hecho no lo leí, sino que me lo dijo en una entrevista Marie-Claude Sicard, la autora del libro Lujo, mentiras y marketing. ¿Cómo funcionan las marcas de lujo?): en un mundo en el que la ética ha perdido su función, su razón de ser, las marcas polarizarán a la sociedad de consumo (cada día más) y sustituirán a las religiones*.
*[Bueno, el filósofo norteamericano de origen español George Santayana ya se le adelantó cuando dijo que el American Way of Life era un gran disolvente capaz de diluirlo todo, incluida la religión, en moda y dólares].
Hasta cierto punto, eso ya pasa hoy día en una sociedad secularizada como la nuestra, en que las muestras exteriores de una determinada fe, o sea, el modo de vestir, han sustituido a la fe en sí misma: no se condena que alguien practique tal o cual religión en privado, pero sí que una chica lleve velo en público.
O sea, me pregunto si en el futuro los incondicionales de Prada no podrán hablar con los devotos de Gucci, o los fanáticos de Chanel encontrarán en la doble C un sustituto místico a los símbolos que hasta ahora eran patrimonio de los fieles. Lo peor de todo es que cada día tengo más claro que sí… ¡Qué miedo! ¿Cómo se os queda el cuerpo?

[La ilustración, Fashion Gets Religion, es de Sunah Kim. La foto de inicio de la colección Primavera-Verano 2007 de Gaultier].