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(Mi) noche de los Prix Marie Claire

21/11/2009 Alberto Pinteño

helena-premios-marie-claireEfectivamente. Tal y como adelantó mi amiga Verónica en el anterior post, aquí os traigo ‘la otra crónica’ (y no estoy hablando del suplemento de El Mundo) de los Prix de la Moda Marie Claire. También os diré que esa noche hubo ‘dos’ crónicas: una, la que aquí os detallo, y dos, la que vivieron muchos trabajadores y otros tantos despedidos por el grupo G+J, que se manifestaron en las puertas de la . Y razón creo que no les falta: 123 despidos desde junio y otros muchos más recortes que se esperan. Sin embargo, el grupo volvió a tirar la casa por la ventana en una fiesta en la que no faltó ni un detalle. Bueno, tengo que decir que se les pasó un detalle muy importante, el de sentar en las mesas al equipo de redacción, digamos, el alma de Marie Claire.

Sí, este es un tema que me enfada muchísimo. Resulta que ahora se lleva aquello de hacer entregas de premios y de celebrar lo mira-que-bien-que-nos-está-yendo-que-vamos-a-celebrarlo-a-lo-grande. Eso sí, sólo tenemos asientos reservados para anunciantes, premiados, celebrities y… los enchufados por el presidente/director/editor. Y, claro, los que realmente están día a día allí editando, escribiendo, fotografiando, produciendo… A esos… Bahhh, esos se conforman con unos canapés.

Bueno, y como me encuentro hoy demasiado reivindicativo, voy a hacer la digestión y ahora vuelvo.

Ya. Aquí estoy de nuevo. ¿No os he dicho que iba monísimo? Pues sí, me acababa de comprar una americana brocada de Gucci (aunque ahora que lo pienso no sé porqué lleva en la etiqueta una H & una M) y me la coloqué. Mi disgusto se acrecentó cuando vi a un compañero de profesión que llevaba… ¡la misma americana! Claro, es lo que tiene comprar en tiendas caras y exclusivas. Bueno, en fin, que sé que mi look no le interesa a nadie y hay muchas anécdotas curiosas que contar. La primera es el bolsazo que se reprimió Carmen Lomana en darle a Jesús Mariñas (que la odia) cuando el periodista le dijo en photocall: “Anda, Carmen, dame dos besos y firmemos la paz”. La cara se le descompuso, pero le dio los dos besos. Buena fue la que le lió la cronista María Eugenia Yagüe. “¿Y tú, Carmen, para qué le besas? Si mira lo malo que es contigo, hay que ver…”. Le estuvo pinchando toda la noche y Lomana acabó hasta la coronilla de ella. Bueno, Lomana y hasta el laureado fotógrafo Mario Testino. Atención a lo siguiente. La Yegua, perdón la Yagüe, se acerca con micrófono en mano a Testino y comienza en un inglés de Trebujena: “Jelou an Gud nait. Jau guar yu, Mario?”. A lo que Testino responde: “Querida, soy peruano y hablamos el mismo idioma”. Sí, querida, no todo famoso que vive en el extranjero nació en Oklahoma.

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Mientras mi querida Ana Conda saludaba a Ariadne Artiles al grito de: “Hola, Ari”, se esfumaba otra de las premiadas, la modelo mirame-lo-que-me-he-hecho-en-la-cara-que-me-ha-dejado-sin-expresión Helena Christensen (y porque no quiero hablar de su ‘no estilismo capilar’ o de su vestido). Y entraba Tommy Hilfiger que no se enteraba de nada (en la puerta los manifestantes le preguntaron sobre la crisis y los despidos a lo que él respondió: “La moda es una pasión”). Por cierto, me dicen que Isabel Preysler se ha vuelto a operar la nariz. Debe ser, porque tiene el mismo perfil de un DIN A4. Ah, y también me quisieron casi pegar porque Jon Kortajarena (al que conozco desde hace tiempo) me dio un fuerte abrazo y dos besos. Me encanta dar envidia, aunque esa noche la envidia me la daba él, llevaba Tom Ford hasta en los ojos. Sí, eran unas gafas monísimas. Y para mona, Frida Giannini, directora artística de Gucci (sí, la de mi americana), que daban ganas de comérsela. Y es cierto que se podía confundir con la directora de Marie Claire España, Joana Bonet. Y lo mejor de la noche, además del champán que se servía, fue cuando Imanol Arias, presentador de la gala, abrió la entrega de premios con la siguiente frase: “No, hoy no voy a dar un nuevo comunicado”. Se supo ese día la noticia de que daban por finalizados sus 25 años de matrimonio junto a Pastora Vega. Y yo finalicé la noche sin separarme de la botella de champán, paradojas de la vida.

Si no hay ‘celebrities’, no me divierto

19/10/2009 Alberto Pinteño

11 años hace que tuve mi primer cara a cara con Mark Vanderloo. Trabajaba en televisión y recuerdo que andaba emocionadísimo por entrevistar al novio de la Cañadas. Era entonces ‘El Top’. Finales de los 90, Donna Karan, Esther… Pues no conseguí verle el encanto (y me refiero en sentido literal, no figurado). Me pareció extremadamente arrugado. Claro, yo estaba entonces en plena pubertad (y no me lo discutan). Regresé a mi casa, desencantado.

MONTECRISTO OPEN ok

Hasta la otra noche, que volví a coincidir con él. Quizá sean los años y que yo tengo ya esas arrugas que a él le sobraban otrora (y esto ahora es en sentido figurado). Se presentaba Montecristo Open, la nueva línea de los afamados habanos y allá que nos lanzamos al Círculo de Bellas Artes de Madrid, previo paso por nuestro estilista. Claro está que dejamos huella: mi amigo J. Q., L. N. y yo éramos los tres únicos que combinamos colores y pajarita. El resto, el clásico traje oscuro. Pero aquello pintaba bien. Barras de alcoholes nobles a cada dos metros. Y un catering de: “¡Ay, hija, deje ya de pasar bandejas! Bastante tengo con ser modelo”.

A lo que voy. Vanderloo estaba todo el rato con el puro en la boca y hablaba sin parar con ‘Ari’ (así es como se presenta Ariadne Artiles, que estaba espectacular con un vintage de Givenchy y tacones de David Delfín). Pero ‘Ari’ estaba a la vez asediada por un Luis Medina harto hablador. Y no, no estaba con su nueva novia, la modelo Chloé Bello, pero yo la confundí con Helen Swedin, que ella sí que estaba, y mucho más rejuvenecida. Mientras tanto, dos de los invitados iban completamente ‘a lo suyo’: Fran Rivera e Irina Lazareanu, rival de Kate Moss, por lo de modelo y por quitarle el novio, Pete Doherty. Y yo allí en medio de todos. Y Mark me habló, yo temblé, y busqué a mis acompañantes. Y no los encontré. Y aparecieron (cómo no) en la barra. Y perdimos el conocimiento. Y… es que, como dijo mi amiga T. B. en homenaje a la gran Concha Piquer: “Si no hay celebrities, no me divierto”.