Efectivamente. Tal y como adelantó mi amiga Verónica en el anterior post, aquí os traigo ‘la otra crónica’ (y no estoy hablando del suplemento de El Mundo) de los Prix de la Moda Marie Claire. También os diré que esa noche hubo ‘dos’ crónicas: una, la que aquí os detallo, y dos, la que vivieron muchos trabajadores y otros tantos despedidos por el grupo G+J, que se manifestaron en las puertas de la Embajada de Francia. Y razón creo que no les falta: 123 despidos desde junio y otros muchos más recortes que se esperan. Sin embargo, el grupo volvió a tirar la casa por la ventana en una fiesta en la que no faltó ni un detalle. Bueno, tengo que decir que se les pasó un detalle muy importante, el de sentar en las mesas al equipo de redacción, digamos, el alma de Marie Claire.
Sí, este es un tema que me enfada muchísimo. Resulta que ahora se lleva aquello de hacer entregas de premios y de celebrar lo mira-que-bien-que-nos-está-yendo-que-vamos-a-celebrarlo-a-lo-grande. Eso sí, sólo tenemos asientos reservados para anunciantes, premiados, celebrities y… los enchufados por el presidente/director/editor. Y, claro, los que realmente están día a día allí editando, escribiendo, fotografiando, produciendo… A esos… Bahhh, esos se conforman con unos canapés.
Bueno, y como me encuentro hoy demasiado reivindicativo, voy a hacer la digestión y ahora vuelvo.
Ya. Aquí estoy de nuevo. ¿No os he dicho que iba monísimo? Pues sí, me acababa de comprar una americana brocada de Gucci (aunque ahora que lo pienso no sé porqué lleva en la etiqueta una H & una M) y me la coloqué. Mi disgusto se acrecentó cuando vi a un compañero de profesión que llevaba… ¡la misma americana! Claro, es lo que tiene comprar en tiendas caras y exclusivas. Bueno, en fin, que sé que mi look no le interesa a nadie y hay muchas anécdotas curiosas que contar. La primera es el bolsazo que se reprimió Carmen Lomana en darle a Jesús Mariñas (que la odia) cuando el periodista le dijo en photocall: “Anda, Carmen, dame dos besos y firmemos la paz”. La cara se le descompuso, pero le dio los dos besos. Buena fue la que le lió la cronista María Eugenia Yagüe. “¿Y tú, Carmen, para qué le besas? Si mira lo malo que es contigo, hay que ver…”. Le estuvo pinchando toda la noche y Lomana acabó hasta la coronilla de ella. Bueno, Lomana y hasta el laureado fotógrafo Mario Testino. Atención a lo siguiente. La Yegua, perdón la Yagüe, se acerca con micrófono en mano a Testino y comienza en un inglés de Trebujena: “Jelou an Gud nait. Jau guar yu, Mario?”. A lo que Testino responde: “Querida, soy peruano y hablamos el mismo idioma”. Sí, querida, no todo famoso que vive en el extranjero nació en Oklahoma.

Mientras mi querida Ana Conda saludaba a Ariadne Artiles al grito de: “Hola, Ari”, se esfumaba otra de las premiadas, la modelo mirame-lo-que-me-he-hecho-en-la-cara-que-me-ha-dejado-sin-expresión Helena Christensen (y porque no quiero hablar de su ‘no estilismo capilar’ o de su vestido). Y entraba Tommy Hilfiger que no se enteraba de nada (en la puerta los manifestantes le preguntaron sobre la crisis y los despidos a lo que él respondió: “La moda es una pasión”). Por cierto, me dicen que Isabel Preysler se ha vuelto a operar la nariz. Debe ser, porque tiene el mismo perfil de un DIN A4. Ah, y también me quisieron casi pegar porque Jon Kortajarena (al que conozco desde hace tiempo) me dio un fuerte abrazo y dos besos. Me encanta dar envidia, aunque esa noche la envidia me la daba él, llevaba Tom Ford hasta en los ojos. Sí, eran unas gafas monísimas. Y para mona, Frida Giannini, directora artística de Gucci (sí, la de mi americana), que daban ganas de comérsela. Y es cierto que se podía confundir con la directora de Marie Claire España, Joana Bonet. Y lo mejor de la noche, además del champán que se servía, fue cuando Imanol Arias, presentador de la gala, abrió la entrega de premios con la siguiente frase: “No, hoy no voy a dar un nuevo comunicado”. Se supo ese día la noticia de que daban por finalizados sus 25 años de matrimonio junto a Pastora Vega. Y yo finalicé la noche sin separarme de la botella de champán, paradojas de la vida.
Y además ...
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Te equivocas, no llevaba Tom Ford, sino un traje de los diseñadores catalanes Jan iu Mes, que han tenido que cerrar su taller.
Gran crónica, Alberto. A la que tengo que añadir que la encantadora gente de Marie Claire no solo no sienta en su mesa a sus redactores en las entregas de su Gran Prix de la moda, sino que tampoco se digna a pagar un triste billete de avión a los miembros del jurado de los premios para que acudan a la gala. Lo sé porque el año pasado estuve en el jurado y viví ese feo gesto en mis carnes.
Pedazo de reportaje!
ELENA TIENES RAZON EN QUE JON EL TRAJE QUE LLEVABA ES DE JAN IÚ MÉS.PERO EL TALLER NO LO HAN CERRADO.SUPONGO QUE AHORA YA LO SABES,YA QUE HAN GANADO EL 080BARCELONA