
Si tuviera que elegir entre asistir a los Oscars o a los Golden Globes, lo tendría difícil, pero creo que elegiría los Golden Globes. Como nadie me va a invitar me ahorro esa diatriba. Lo que hago cada año es verlos. Lo que confirmo cada año es que es una fiesta divertida, donde beben champagne y cuando salen a recibir o a entregar los premios se nota. Lo que me sigue fascinando es lo grandes profesionales que son: cómo suben las escaleras, cómo lanzan su speech, cómo llevan los diamantes, lo felices que parecen de pertenecer a ese mundo, sin falsas modestias ni complejos.
Y lo que me sigue alucinando es lo conservadoras que son las decisiones estéticas. Es decir, si no conociéramos las caras de las actrices podría ser una entrega de premios de finales de los años 50. Entiendo que nadie quiere arriesgar. Y para ir sobre seguro nada como el uniforme red-carpet, es decir, vestido de corte sirena, peinado marcado y joyas discretas pero que se note que son joyas. Los vestidos cortos son complicados y los ejercicios personales, como los que suele llevar a cabo Tilda Swinton, casi descartados por la mayoría. Qué difícil es proyectar la personalidad en un momento así.

Sin embargo, algunas lo consiguen. Dentro de las decisiones seguras siempre están Maggie Gylleenhal, Cameron Díaz, Chloë Sevigny o Julianne Moore, que son capaces de transmitir cierta frescura, cierto estilo propio. Me gustó mucho Meryl Streep, vestido y estilismo. También Joan Allen. Si yo hubiera tenido que elegir qué llevar, hubiera tomado prestados los looks de Julia Roberts, perfecta, con un vintage Yves Saint Laurent o el de la preciosa January Jones. Me encantó su Lanvin, su maquillaje ( un buen lipstick rojo es un bastón, una brújula, un podium) y su peinado. Pero yo no soy ni la novia de America ni el nuevo icono estético de la televisión. Por tanto, tendría que elegir un vestido de sirena para no fastidiarla.
Y los chicos? Emocionante mi querido Michael C. Hall, perfecto como siempre Tom Ford, demasiado repeinado Robert Downey Jr y apabullante Jon Hamm.
Nota: nunca he entendido los fenómenos Marchesa, Rodarte, Badgley Mischka o Armani Privé. No debo tener madera de estrella.