Cuando se trata de trabajar, siempre estoy dispuesto (ejem). Así que volví a hacer de tripas botellón y me marché con Laura, Rossy e Iván a vivir uno de los momentos más emocionantes del viaje. Viajamos hasta San Marcos, un poblado subdesarrollado de Puerto Plata. Allí, Brugal ha construido una escuela para que los niños aldeanos tengan las mismas oportunidades a nivel de enseñanza. Los pequeños se volvieron locos al vernos y, con una exquisita educación (que falta le haría a muchos), nos hacían mil preguntas. Uno de ellos se me acercó y me dijo: “¿Cuál es la capital de Camerún?”. A lo que yo respondí: “Ains, qué mono eres”. Y me fui.
Tras nuestra visita, decidimos poner rumbo al centro histórico de la ciudad. El guía del tour que estaba preparado contó con mi presencia durante… dos minutos, pues en sólo 120 segundos le dio tiempo a llevarnos a una tienda horrorosa de souvenirs de su primo hermano. “Prefiero pensar que hay sitios mucho más interesantes en la ciudad”, le dije y me contestó: “Sí, mi amol, esta manufacturera de tabacos” (yo no fumo y la fábrica era de su sobrino).
Decidí entonces hacer mi propio plan. Estaba indeciso entre acudir a la Biblioteca Nacional para investigar algo más sobre Puerto Plata, acudir a un curso de enología o a un concierto de Música de Cámara en la Catedral. Al final, me decidí integrar las tres tareas: me fui a la playa, con un libro, un daiquiri y mi iPod. Diez minutos después, todos copiaron mi idea.
Y como todo lo bueno se acaba, llegó la hora de regresar a Santo Domingo, por supuesto, con nuestra avioneta privada. Esta vez sí que las turbulencias pusieron nuestras vidas en peligro. Pero bicho malo, nunca muere. Al llegar al aeropuerto corroboré la idea que me venía rondando: en República Dominicana la policía es secreta (muy secreta). Tan secreta que no la vimos jamás, y eso que nos colamos por todos los accesos posibles para no hacer colas. Laura e Iván causaron baja allí, pues tenían unas agendas muy complicadas y tenían que regresar un día antes que el resto. Y no saben lo que se perdieron, una de las experiencias más yankee del viaje. Esa noche nos llevaron a ver un partido de
béisbol donde jugaban el Licey de Santo Domingo contra otro de los equipos de la isla. Sentados en el palco, vivimos experiencias tan kitschs como ver a tres niñas rompiendo los tímpanos de todos los presentes mientras ‘gritaban’ una canción de karaoke y salían por las pantallas del estadio; como ver a las cheerleaders-jamonas-enseño-sostén-incluido o fijarnos en el único jugador blanco del equipo residente. Jugador que dio mucho juego. Y no me refiero en el campo. Los ‘chicos’ queríamos conocerle y la Nuria Ber dominicana, la PR del estadio, nos informó que Matt Tupman cumplía años justo
ese mismo día. ¡¿Cómo?! Razón de más para verlo, él y yo nacimos el mismo día (con sólo un año de diferencia. Y sólo uno –lo digo para aquellos que miren en la Wikipedia la fecha de nacimiento de Matt-). Minutos después apareció él. Era guapo, simpático, gracioso… e inculto. Mientras me felicitaba por mi aniversario me iba explicando que él había visitado Madrid, sí, esa ciudad que está justo “debajo de Cuba”. Sí, querido, sí, lo que tú digas. Pobre, si después de Boston lo único que ha visto ha sido República Dominicana. Bueno, pero me firmó mi pelota de béisbol… y dedicada. Éramos como auténticos groupies, e incluso oí: “Es que esto para los dominicanos debe ser como si estuviéramos en el Santiago Bernabeu y Casillas estuviera firmándote un balón”. Sí, eso, seguro. 
Así que decidimos hacer un fin de fiesta (y de viaje) en una discoteca en la que sólo había una premisa: la salsa estaba prohibida. Y allí observe cuánto de famosa es Rossy de Palma hasta para los dominicanos. La atosigaban. Y sí, a mí también un poco, pero no precisamente por haber trabajado con Almodóvar. Fin.
Y además ...
Tags: avioneta, Brugal, crónica, Iván Sánchez, Laura Sánchez, Puerto Plata, República Dominicana, ron, Rossy de Palma, Santo Domingo, viaje


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Está claro que la civilización está más del lado de allá que del de acá. Y que saber la capital de Camerún no es garantía de nada…