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Quizá el catering de Sergi Arola para la clase Business de Iberia no es lo más recomendable para mi estómago (ni para el mío ni para el de muchos), lo cierto es que me dejó tocado para gran parte de esta aventura. Pero me dije: “Alberto, peor fue cuando me tocó cubrir la guerra albano-kosovar (ejem)”. Así que hice de tripas botellón y me di al Brugal (que todo lo quema).

ivan lauraEsta primera mañana en Santo Domingo fue de lo más cardíaca, básicamente porque me tocó acompañar al actor y modelo Iván Sánchez por la capital para una sesión de fotos. Me subo la camisetita por aquí, me bajo el bañador por acá, clava la… mirada. Además, los factores climatológicos externos no ayudaban nada, 36 grados centígrados y un 85 por ciento de humedad (sí, sé que os estáis helando allende los mares. ¡Cuánto os compadezco!). Nada que un refrescante baño en la piscina del Hostal Nicolás de Ovando no pudiera calmar.

Gracias a que mi estómago seguía un poco revuelto, logré salvarme de otra indigestión. Y es que a la hora de comer todos mis compañeros se lanzaron a la especialidad dominicana: el cangrejo guisado. Mientras yo degustaba un consomé de verduras y un arroz hervido, lo menos que pude oír de ese tradicional plato fue: “Sí, está un poco picantito”. Sé de uno que alegó: “Ains, es que son cangrejos como de… tubería y estercolero”. Ni Laura Sánchez ni Iván ni Rossy pudieron acabar con su degustación. Y digo yo, Colón trajo de La Española (así llaman a la República Dominicana) las patatas y la caña de azúcar, pero ¿importó el cangrejo asado?

A eso de la tarde viví mi primera tormenta tropical. Qué belleza, qué lluvia, qué torrentes de agua,… ¡qué me ahogo, leñe! Mi amigo Fruela se llevó todo el día anterior queriendo ver un tormentón, porque él es muy de tormentas, pero yo, en ese momento, me senté en el despacho de la habitación y comencé a redactar mi testamento. Incluso llegué a pensar que iría torrente abajo y mi familia no podría disfrutar de mis propied… (no me acordaba que me casé con CajaMadrid). En fin, que con una tormentita ya tuve suficiente. Ya, lo próximo, un huracancito.

Pero fíjate, que eso de las tormentas es tan pasajero como un billete de 100 euros en mi cartera. Llegó así la hora de la cena. Entonces fue cuando me sentí como una señora de Alcaudete de la Jara en Sorpresa, Sorpresa y abducida por Isabel Gemio. El equipo de Brugal nos tenía preparada una de las grandes. “No, no montaros en los coches oficiales. Seguidme”, decía el PR Manager. Yo iba al lado de Rossy de Palma, que me iba contando sus batallitas con Pedro Almodóvar, cuando, de repente, vislumbramos en el más allá un haz de luces de colores, muchos colores. Rossy dice: “Uy, pero chiquillo, cómo es la policía de este país con esos parpadeos, si parece los coche choque de una feria de Trujillo”. No, no era un coche policial, era nuestra sorpresa: una Limousine Hammer de once metros de largo, con sirenas y luces naranja ambulancia y azul policía. Algo muy sencillo, muy elegante. La frase de la noche, otra vez más la de Rossy cuando intentaba fotografiarla con su teléfono: “Pero bueno, si no me cabe ni en el iPhone”. hammer

Media hora y 30 canciones de salsa a 400 decibelios después, llegamos a nuestro destino: el paraíso. Fuimos a cenar a Boca Marina, en la playa dominicana de Boca Chica, un restaurante construido sobre la orilla del Caribe. Un lugar ma-ra-vi-llo-so, eso sí, tuvimos que controlar el volumen de los infernales altavoces, algo que dio para una gran anécdota. Cuando uno de los camareros se acercó al bafle para subir el volumen, Fruela gritó: “¡No, por Dios! Baje el volumen”. A lo que el camarero respondió acongojado: “Es sólo un minuto”. Acto seguido vinieron con una tarta a cantarme el cumpleaños feliz a lo dominicano. Sí, yo cumplía taitantos años, aunque no los aparente. Pero las celebraciones no terminarán aquí. Continuará…